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Soy Esperanza

bienvenidos

Nací en la capital sevillana pero soy de pueblo. Sólo estuve mi primer mediodía por lo que ni lo recuerdo. Una cateta…, como se nos denominan a los que no pertenecemos a la gran urbe. Cateta de origen incierto, según nuestra RAE. Si quieres llamarme lugareña o palurda también cabe. Aquí presento lo que mi tierra me ha dado: conocimientos del borrico y el arado…

Soy de campo

Soy más de campo que una amapola. No podría vivir sin el arrullo de las palomas y tórtolas, el trinar de los pocos gorriones que quedan, las dunas de la vega, el amanecer tras las cumbres carmonenses. Me quedo con la humedad de este microbosque, morada de mis musas, la fragancia de la hierbabuena al acariciarla, los buenos días de mis canes acompañantes. Quiero a mi limonero seco, respetado por lo que fue, y mis naranjos cargados de caramelos, Reyes de Oriente y boticarios a la vez.

Que de aquí no me muevo. Soy de campo. Ya lo ves…

Una cuentacuentos

Te buscaré entre la multitud, cruzaremos nuestras miradas y te lanzaré mi alma encuentada. Y, cuando perciba tu sed de amor, engrandeceré la historia por ti. Entonces mi voz será tu voz, mis palabras acariciarán tus manitas infantiles o rugosas, y viajarán a tu corazón acompañándote en la creación de tus alas.

Lo que la jirafa me contó

De pequeña me encantaba ver la serie ‘Se ha escrito un crimen‘ e imaginarme que era como la señora Fletcher. Y escribía historias de misterios en mi Olivetti y se las leía a mi hermana también. Me apasionaba escribir… Pero un profesor me paralizó el entusiasmo porque no le dio importancia a mi pasión por tan bonito arte, y me llevé sin compartir mis escritos mucho tiempo, pero mucho…mucho. Porque pensaba que no interesarían a nadie, pues solo valía lo que los clásicos escribieron…o porque hay otras profesiones con más salidas laborales.

Pero un día, pasados muchos años y tras haber escrito en silencio, decidí compartir mis palabras entre amigos, y, de nuevo, volví a ser YO. Porque ‘escribir es vivir’, como decía el admirado José Luis Sampedro. Igual que para otros les da vida pintar, hacer maravillas con el pan, coleccionar chapas o sellos, escalar montañas o hacer ricos pucheros.

A un niño o niña no se le puede cortar las alas. Hay que potenciar su talento y animarle a que continúe por el sendero de su propia creación personal, que se sienta seguro consigo mismo, sintiéndose más feliz en un mundo que desconoce y en el que tan poco se les considera.

Felicidades amigas escritoras.


Felicidades a ti también, aunque no hayas publicado aún, porque nadie dijo cuándo uno debe considerarse escritor. Saca lo que lleva en tu cajón años esperando a ser leído. No temas el qué dirán. Libérate. Que vuelen tus palabras.